Una mujer joven tenía un pretendiente que la amaba mucho. El pretendiente llamó a su puerta apretando un ramo de margaritas para obsequiarle. "¿No me has traído rosas?" -preguntó ella. "Quiero rosas." Su pretendiente dio la vuelta y se fue.
A la semana siguiente regresó a la puerta de su casa con otro ramo de margaritas. Al ver las flores en su mano, la joven dijo: "¿Dónde están mis rosas? Quiero rosas." Una vez más el pretendiente dio la vuelta y se fue.
A la semana siguiente sucedió lo mismo. El pretendiente se presentó a la puerta de su amor con un ramo de margaritas. La joven dijo: "¿Otra vez con margaritas? Quiero rosas." Y así una vez más se fue.
Esto se prolongó durante varias semanas más, hasta que finalmente una semana, el pretendiente no llegó. Nunca más volvió.
Las personas nos aman a su manera …como pueden. Muchas veces no lo valoramos, porque no lo demuestran de la forma en que pensamos que deberían. Alguien nos ofrece margaritas, pero seguimos insistiendo en las rosas.
Esta historia,no es de valor solo para enamorados…sino para cualquier persona relacionada en amor, ya sea con un hijo, un amigo, un padre.etc…que esté esperando del otro, siempre más o de otra manera